Fotografiamos lo que somos. No lo que vemos, sino lo que nos mira y nos reconoce. Esta serie nació de la intuición de que la cámara no captura: conecta. Mirar es recordar, incluso aquello que nunca vivimos. Cose del Passato no intenta fijar un lugar real, sino acercarse a aquello que escapa a las palabras: la textura que adquiere el tiempo durante un viaje, la armonía caótica de la memoria, el estilo invisible que enlaza lo muerto con lo vivo, el dolor de lo que se dejó atrás —o nunca se conoció— y las expectativas de un futuro incierto, quizá prometedor.